Gracias Mamá

–¡Agáchate carajo! –le gritaba su papá mientras alzaba la correa con el brazo derecho– ¡Quédate quieta muchacha de mierda! –continuaba gritando, al mismo tiempo que la golpeaba–. Ya eres bruta y si dejas de ir a trabajar donde la señora Gladys, te quedarás estúpida y chira para toda la vida.
–¿Así como tú? –contestó Carmen con una voz leve.

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