Y sigo

¿Por qué escribir? Si puede que nadie me lea.
Por qué seguir escribiendo si me dicen que como yo, hay miles; y mejores, hay millones.
Por qué escribo aún sobre el papel, si ni yo mismo puedo entenderme.
Por qué escribí este texto, si nunca será publicado.
¿Por qué?
Porque en la historia de los libros dirán que Samir Issa fue el escritor que nunca escribió.

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Conócete

¿Hace falta algo más por conocer?
Puntos de partida que no llevan a ningún sitio,
o más bien,
te regresan a partir de un punto de vista.
Secretos cuya verdad es, lo que el desahogo es a las lágrimas.
Ideas.
Ideas que están sueltas como el aire que no vemos,
es lo que necesitamos conocer
antes que las cosas ya no quieran conocernos.

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Cuando menos te lo esperas

Mientras conducía iba con la mano derecha en el volante y la izquierda en el celular. Burló a un vigilante de tránsito, rebasó en curva y eludió a otro oficial, ambos lo observaron fijamente sin hacer nada, parecían principiantes que trataban de lidiar con el tráfico de la noche.

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Por sabido

Pedro entró al banco y buscó a su amiga que siempre le ayudaba a realizar los trámites sin tener que esperar turno. La vio en la caja 7. Fue hacia allá y su amiga lo atendió sin problema y, claro, sin pedirle ticket.

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Una voz en la habitación

Toda la familia Thompson se encontraba cenando en el comedor de la casa. Estaban reunidos para conmemorar el primer mes de la partida de la tía Eugenia. El único ausente era el pequeño Ronald, de seis meses, que dormía en la habitación de arriba.

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Inmortal

Lo lanzaron, lo golpearon, lo patearon, lo atropellaron, lo mojaron, lo recogieron y el Nokia 1100 seguía funcionando.

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Venga después

–Su hermano se encuentra en perfecto estado, señor Rodríguez, lo hemos curado del todo, ya está listo para regresar a casa –me dijo la psiquiatra del instituto.
–¡Bella, bella como las sirenas y el alcohol! –empezó a cantar mi hermano desde afuera de la oficina de la doctora.
–No me dejas conversar tranquila, pero gracias –expresó la psiquiatra.
–No era para usted, era para su reflejo –dijo mi hermano, antes que se lo llevaran de regreso a su habitación.

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Gracias Mamá

–¡Agáchate carajo! –le gritaba su papá mientras alzaba la correa con el brazo derecho– ¡Quédate quieta muchacha de mierda! –continuaba gritando, al mismo tiempo que la golpeaba–. Ya eres bruta y si dejas de ir a trabajar donde la señora Gladys, te quedarás estúpida y chira para toda la vida.
–¿Así como tú? –contestó Carmen con una voz leve.

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Primero me despido de ti

Su hijo la abrazó y le confesó que siempre la cuidaría. Luego, sonó su celular. Ella despertó sudando y preocupada. Contestó. Le dijeron que vaya urgente al hospital.

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